No tema. La Cosa es inofensiva. Trepa asquerosamente por los ojos, pero se inmuta, se intimida con las fábulas científicas. Su blando y desnudo cuerpo habita las entrañas de los días nublados, las zonas mordisqueadas de hojas sabrosas de limoneros, el espasmo de los amantes cuando riñen. Espera mostrarse, trazar su fuga desde el abismo del olvido, y participar serenamente entre dibujos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










